NUESTRA REFLEXIÓN SOBRE EDUCACIÓN AMBIENTAL


En los últimos tiempos se ha ido abriendo paso, tanto  en  programas escolares, campañas institucionales y medios de comunicación, una re-valorización de la educación ambiental por un saciedad cada vez mas alertada y motivada para frenar el deterioro que los humanos estamos causando a nuestra querida biodiversidad.
Yo quisiera llamar la atención sobre la necesaria utilización de la naturaleza como recurso trasversal tanto en el aprendizaje de saberes como en el disfrute del ocio y el deporte, porque en la medida que sacamos provecho de este medio, integrándolo en la formación de personalidades estamos haciendo una educación ambiental mas amplia  desarrollando el  conocimiento, la capacidad de asombro y el amor por la tierra.
Las cosas que se quieren, nos hacen comprometernos mas en su defensa, y lo que es una pena que a veces nos preocupa mas la vida en el interior de nuestras casas que pasar tiempo en mil una actividades con los nuestros, al aire libre.
Hay que recuperar el tiempo perdido. Observar el ajetreo de un hormiguero y la cooperación laboral de esos diminutos seres es una auténtica clase magistral.
En mi época de maestro de escuela, recuerdo la beneficiosa influencia que ejercía sobre los alumnos el impartirla bajo un árbol, teniendo a nuestro alcance miles de ejemplos prácticos y sobre todo posibilidades de experimentación.
La “educación escolar” ha sido casi siempre mas “instrucción” que educación, sustituyendo la pizarra con lo mas valioso a nuestro alcance: la vivencia real en contacto directo con los conocimientos.
No se obtiene el mismo resultado – tratando a niños – con normas relativas a no ensuciar el bosque tirando plásticos y residuos, que “si organizamos un juego de competencia por equipos, en el que cada uno “disimule cualquier huella dejada en el entorno, basura, restos de hoguera, latas” – incluso huellas de pisadas como imitando a antiguos pieles rojas para que no se dejaran rastros de su paso, haciendo del juego al aire libre una práctica de educación ambiental que irá impregnando su carácter…
La educación ambiental no debiera ser teórica y abogamos  porque su carácter  práctico en el entorno y desde luego: divertida “lúdica” con ejercicio, sabiendo sacar partido de ella…
Reivindico aquellos antiguos campamentos donde no asistíamos para hacer las cosas de la ciudad: jugar con nintendo, bailar, escuchar la F.M. y comer sándwiches, y no digo que haya que anatematizar todo esto…pero cada cosa en su sitio.
Quien  ha disfrutado de unos alimentos preparados en el campo, unas papas o batata asada, con juegos de observación, o escuchado historias de Robinsones, para cuando se vuelve a casa se deja el lugar sin huella alguna que delate nuestro paso, y os aseguro que esa experiencia será inolvidable y se habrán adoptado criterios conservacionistas y sobre todo si nuestros educadores han sabido hacer programas aplicados al currículo escolar el impacto positivo será mayor, y la influencia hasta en los locales escolares se hará notar.
Nunca olvidaré a aquel profesor de matemáticas que nos enseñaba a aplicar las leyes científicas, para medir la altura de los árboles mas altos ( sin necesidad de subirnos) o calcular la anchura de un río por triángulos semejantes…
No más basura tirada por el balneario visitado, ni pupitres con letreros que representan mas o menos lo mismo…¡ Volvamos mas a la naturaleza sin maltratar la herencia a futuras generaciones…
Darío José Pozo Ruz.

http://www.ecojaragua.com/2011/11/nuestra-reflexion-sobre-educacion.html

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